Sabiduría colectiva

¿Han experimentado la “alienante” sensación de ser parte de una multitud? ¿Se preguntaron alguna vez quién decide iniciar el aplauso o pedir un “bis”? Quizá uno solo, quizá varios, pero lo cierto, como bien verificaba Mr. Kane en una inolvidable escena de “Citizen Kane”, que llevar la iniciativa del aplauso en contra de la decisión del auditorio, es tarea vana. Me recordó esta imagen un interesante artículo publicado por la revista de la National Geographic, en la que se describía como ciertas decisiones trascienden al individuo y tienen sentido desde el grupo amplio, masivo e incluso anónimo. En este sentido, el comportamiento colectivo de ciertos animales como hormigas, abejas, peces y muchos otros, no solo resulta sorprendente sino que también inspirador para plantear estrategias de toma de decisiones o incluso (agregaría por mi parte), comprender como funcionan algunas formas de comportamiento espontáneo de las multitudes.

¿Quién manda en el hormiguero?

Todos los días, antes de salir, las hormigas forrajeras esperan mecánicamente el regreso de las hormigas patrulleras que salen por la madrugada. Ellas se identifican por el olor, y sus son antenas el órgano que transmite tal información. Así, al regresar al hormiguero, las patrulleras tocan las antenas de las forrajeras. Cuando una forrajera entra en contacto con una patrullera, recibirá un estímulo sensorial específico. Y si ésta información se repite por intervalos no mayores a diez segundos entre cada toque, la hormiga saldrá de patrullaje con la misión de continuar la búsqueda de alimentos. De esta forma, la “decisión” de salir o no salir, dependerá de la frecuencia de contacto con otra hormiga regresando exitosa de su recolección de alimentos. ¿Y por qué es tan relevante esta frecuencia de contacto? Lógica pura, si una hormiga saliera y no hallara comida, encontrara un depredador en su camino o algo le impidiera regresar, no llegaría nunca al hormiguero. El que sean muchas muchas hormigas las que regresan sanas y salvas a “casa”, es indicador de expediciones exitosas para el acopio de provisiones. Con un simple mecanismo, es posible que la comunidad de hormigas regule el comportamiento grupal, aun cuando cada hormiga no tenga la capacidad de comprender la administración de recursos en términos globales.

En síntesis: todo el hormiguero logra comunicarse y tomar decisiones relevantes para la continuidad de la comunidad. Lo que cada hormiga sabe del todo es limitado, pero la suma de diferentes pequeños fragmentos de información, permite una conducta colectiva claramente conveniente para el grupo.

El comportamiento de las hormigas ha inspirado la creación de sistemas de logística muy complejos que permiten decisiones como la selección de la ruta más óptima y rentable para el transporte de insumos, horarios de aerolíneas o el movimiento de robots militares. Aunque de todos estos ejemplos, si de aplicaciones humanas se trata, no sería descabellado considerar mucho más emblemático y cercano a la misma Internet, como un claro exponente de este comportamiento colectivo en donde juntos somos más inteligentes que de manera aislada. Así, el modo en que Google aprovecha la información que aportan numerosísimos usuarios en todo el mundo para jerarquizar las millones de páginas disponibles en la web o la utilización masiva de etiquetas para organizar la información on line... o los aportes aparentemente anárquicos de miles de usuarios en todo el mundo para construir la más enorme y variada enciclopedia nunca concebida (Wikipedia), son ejemplos evidentes de que la sabiduría colectiva existe y no solo es eficiente aplicada a la lógica de enjambres y hormigueros.

Limitaciones y ventajas

La moraleja es obvia, así como una hormiga no tiene conocimiento total de lo que necesita su comunidad, tampoco nosotros lo tenemos con certeza, respecto a la humanidad. Lo que sí podemos ver, es lo se necesita en el entorno más cercano y actuar en consecuencia. Un ejemplo: no sabemos, si al reciclar algo, realmente contribuiremos al medio ambiente (de hecho es razonable preguntarnos para qué hacerlo si muy pocos lo hacen) pero lo cierto, es que desconocemos realmente el impacto de nuestras pequeñas acciones ¿y por qué no podría ser acaso positivo el impacto? Al comparamos con las hormigas, veremos que ellas no se hacen este tipo de preguntas (no solo no pueden hacerlo sino que tampoco saben que no pueden). Solo tienen una alternativa: ocuparse antes que preocuparse.

¿Qué queda en limpio de esta idea entonces? Si como humanos racionales y pensantes que somos, tenemos la posibilidad de tener conciencia de nuestras limitaciones, de nuestra mirada parcial de la totalidad, esa misma conciencia es la que, con alto vuelo, pone en nuestras manos la posibilidad de formar parte de un poderoso equipo invisible en el que, sabiamente, todos ganan. Aun cuando escape a nuestra vista el resultado inmediato de lo que hoy hacemos, fragmentaria pero quizá, esperanzadamente.

Alguien en la red se tomó el trabajo de realizar esta compilación asombrosa
reuniendo fragmentos de 40 videos diferentes
subidos a You Tube sobre el mismo tema
Otra que el todo y la suma de las partes.... ¿no es extraordinario?

por Graciela Paula Caldeiro