Hace algún tiempo, bajo el provocador tópico “Disparen contra Freud”, pretendí iniciar un debate que contrapusiera los excesos del psicoanálisis más dogmático con los avances de la biología en general y de las neurociencias en particular. ¿Por qué las universidades de Buenos Aires, la psicología no es considerada una ciencia natural en tanto que sí una disciplina humanística o, en el mejor de los casos, una ciencia social? La psicología, se concibe afin a la filosofía y al arte, subsistiendo alejada de laboratorios y experimentos controlados. Sin duda, la herencia del psiconálisis, subyace en una tradición en la que toda una generación de “profesionales” que desempeñándose –nadie lo duda, con muy buenas intenciones- en hospitales, escuelas y otros establecimientos vinculados a la salud, con la insistente idea de no reducir al ser humano a un sujeto con el que se puede experimentar ( pequeña pregunta al margen¿porqué sería moralmente inadecuado o inconveniente que el ser humano sea objeto de estudio de la ciencia experimental?), acaban negando la realidad más evidente: que somos materia, y que la mente y el cerebro, son, en definitiva, una misma cosa.
Sin embargo, más allá de Freud (y mucho peor, Lacan) y los ataques virulentos que van ganando terreno especialmente en virtud del dualismo psicoanalítico, creo que la oposición fanática, al estilo de Mario Bunge, no resulta productiva si lo que nos inspira es proponer un acercamiento de los psicólogos de tradición psicoanalìtica a los hallazgos de nuevas terapias, avaladas por los avances en torno a las neurociencias.
Y así como unos meses atrás, ponìa en duda los principales “dogmas” de los seguidores de Freud, en esta oportunidad, me atrevo rescatar estos otros postulados:
El inconciente no es un mito: existe. Más alla de la significación que le dan los psicoanalistas, muchos experimientos muestran evidencias de que existen mecanismos no concientes de recibir y procesar información. El ejemplo emblemático es el fenómeno de “blindsight” (ceguera visual) en que ciertas personas ciegas a causa de una lesión cortical en la vía visual, pueden “adivinar” imágenes.
El extraño mundo de los sueños: Si se libera el inconciente en los sueños no es algo tan fácil de probar en el laboratorio. Sin embargo, se sabe que son imprescindibles para el funcionamiento cerebral.
Las experiencias de los primeros años: Sin enredarnos en figuras paternas y maternas, lo cierto es que las pruebas de laboratorio dan cuenta de que los primeros estímulos afectan la estructura cerebral de una manera determinante.
El poder de la palabra: ¿Puede curar la palabra? La afirmación es un poco temeraria, pero existen algunas pruebas científicas que sugerirían que la palabra en tanto estímulo, puede afectar materiamlente al cerebro.
--- Nobleza obliga, estas ideas ideas no son mías, las tomé del divertidísimo libro de Golombek, Cavernas y palacios, quien rescata aquellos aspectos del psicoanálisis, cuyas hipótesis tendrían chance de ser consistentes con lo que hoy se sabe a cerca del funcionamiento del cerebro. Se me ocurrió al leerlo que esta perspectiva, podría ser una buena oportunidad para la conciliación entre los freudianos más fanáticos y los detractors de psicoanálisis, abriéndose una intersante transición en beneficio de la salud pública en países excesivamente influídos por la tradición psicoanalítica.
Disparen contra Freud, pero ajusten bien el blanco :-)